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La Divina Pastora (Madre del Divino Pastor)
Las primeras imágenes plásticas de Jesucristo,
que encontramos en las catacumbas de Roma, lo
representan como el Buen Pastor, llevando sobre sus
hombros una oveja. Según esto, es natural que a su
madre, la Virgen, se la denomine La Divina Pastora de
las Almas.
Es de admirar cómo la Virgen quiso anunciarse a los
corazones y preparar los caminos a la nueva devoción
manifestándose repetidas veces vestida con el
encantador y sensible traje de pastora.
San Juan de Dios fue el primero, de quien se
tiene noticia, que recibió esta gracia celestial.
Siendo soldado en la plaza de Fuenterrabía, cuando
estaba cercada por los franceses en 1515, yendo una
vez él solo en busca de provisiones para las tropas,
le derribó el caballo en que montaba, haciéndole
perder el sentido el terrible golpe. Al volver en sí y
verse en peligro de caer en manos de las fuerzas
enemigas, acudió con fervorosa confianza a la Madre de
los desamparados, la que amorosa y compasiva, se le
apareció en traje de pastora y le dio un vaso de agua
que le calmó la ardiente sed que le consumía.
¿Quién sois señora?
- dijo San Juan.
Yo soy, aunque en tan
humilde traje, la Reina de los cielos y la tierra, que
he venido en tu ayuda.
Y desapareció la celestial visión, dejando confortado
y seguro de todo peligro al piadoso soldado que no
tardaría en merecer por su caridad heroica el glorioso
dictado de Padre de los pobres.
Entre otras apariciones de la Divina Pastora, se
cuentan la que tuvo S. Pedro Alcántara, la de Santa
María Francisca de las cinco llagas, la de Sor María
de Jesús y otras.
LA APARICIÓN DE LA ADVOCACIÓN
Hasta el año 1703 no aparece esta invocación entre
el Pueblo Cristiano. Su origen se debe al Padre
Isidoro de Sevilla, religioso Capuchino español, que
nació en 1662 en Sevilla.
En 1681 ingresa en la Orden Capuchina y se ordena
sacerdote en 1687, dedicándose a la predicación. Es él
quien comienza a sacar los Rosarios por las calles.
La noche del 15 de Agosto de 1703, cuando estaba
orando en el coro bajo, tras altar mayor de la Iglesia
de los Capuchinos de Sevilla, la Santísima Virgen le
premió su fervor apareciéndose con traje y aspecto de
Pastora, mandándole predicar la devoción a ella bajo
este título.
Al día siguiente de la aparición, el Padre Isidoro se
entrevistó personalmente con un famoso pintor, Don
Alonso de Tobar, a quien encargó la reproducción en un
lienzo de lo que había visto, dándole el fraile
una idea detallada de cómo debería ser el cuadro de La
Virgen:
“En el centro y bajo
la sombra de un árbol, la virgen santísima sedente en
una peña, irradiando de su rostro divino amor y
ternura. La túnica roja, pero cubierto el busto hasta
las rodillas, de blanco pellico ceñido a la cintura.
Un manto azul, terciado al hombro izquierdo, envolverá
el entorno de su cuerpo, y hacia el derecho en las
espaldas, llevará el sombrero pastoril y junto a la
diestra aparecerá el báculo de su poderío. En la mano
izquierda sostendrá al niño y posará la mano derecha
sobre un cordero que se acoge a su regazo. Algunas
ovejas rodearán la Virgen, formando su rebaño y todas
en sus boquitas llevarán sendas rosas, simbólicas del
Ave María con que la veneran...”
El 8 de Septiembre de 1703, el Padre Isidoro
presentó ante el pueblo sevillano el cuadro de la
Divina Pastora, organizando una grandiosa procesión
desde la parroquia San Gil hasta la gran alameda de
Hércules.
Allí, bajo un álamo secular, colocó el hermoso cuadro
de La Divina Pastora, improvisó cerca de él un púlpito
y predicó un elocuente sermón glosando la frase del
Libro de los Cantares:
"Oh, Tú, la más hermosa entre las mujeres, sal fuera y
sigue las huellas del rebaño y apacienta a los
cabritos junto a las cabañas de los pastores".
Interpretó y desarrolló estas preciosas palabras con
tanto fervor, que el pueblo sevillano conmovido y
rebosando entusiasmo, rompió en vítores, aclamaciones
y cánticos de amor a la hermosa Virgen, que dejando su
manto de realeza y majestad, se ceñía la humilde
pellica pastoril, para mejor estrechar contra su pecho
a sus amadas ovejas e infundir mayor confianza a los
pecadores.
A raíz de este acontecimiento, se fundó en Sevilla
La Hermandad de La Divina Pastora en la Parroquia de
San Gil y después en San Marino, que organizaban
famosos Rosarios en los que el estandarte de La
Virgen, era llevado triunfante por las calles de la
ciudad andaluza.
En 1729, Felipe V y su corte llegaron a Sevilla,
visitaron el convento de Los Capuchinos y el Padre
Isidoro les dio a conocer la nueva devoción por él
fundada; constituyendo tal hecho un fasto nacional que
repercutió en toda España. Los reyes, príncipes,
infantes y la nobleza no sólo se habían afiliado en
Sevilla a la Hermandad de la Divina Pastora, sino que
costearon las funciones de la novena consagrada a su
imagen.
En 1750 moría en Sevilla el Padre Isidoro y en 1755
ingresó en ese mismo convento el que con el tiempo
sería el misionero más popular de su época, el
Beato Diego José de Cádiz, que en todas sus misiones
por la geografía española llevaba desplegado el
estandarte de La Divina Pastora, como su patrona y
guía.
La devoción y culto de la Divina Pastora para las
provincias capuchinas de España, fueron aprobados por
su Santidad Pío VI el día 1 de Agosto de 1795,
señalando para el rezo y fiesta de la nueva
Advocación, la del segundo domingo después de Pascua.
Los Capuchinos en sus misiones populares, siempre han
sido entusiastas propagadores de la devoción a su
ilustre Patrona de modo que la imagen de la Virgen
está presente en todos los altares de sus iglesias. El
trasiego de misioneros de unos conventos a otros, fue
extendiendo la devoción por toda la península, lo que
llevó a que en 1863, le fuera presentada al Papa
Pío IX una súplica firmada por muchos Cardenales,
Arzobispos, Obispos y superiores de otras muchas
órdenes religiosas para poder celebrar la fiesta de La
Divina Pastora en todas aquellas diócesis que así lo
quisieran, a lo que el Sumo Pontífice accedió gustoso.
CANTO A LA DIVINA PASTORA
Durante 1918, los misioneros Capuchinos
permanecieron en San Juan de la Mata, donde La
Divina Pastora tuvo tanta acogida, que el día 27 de
Abril de este mismo año, los hombres y mujeres de esta
villa, con gran devoción, glosaron cantos en su honor
y engalanaron las calles para acompañada en triunfante
procesión por todo el pueblo. Desde entonces, año tras
año, el segundo domingo después de Pascua, los vecinos
de San Juan de la Mata junto con aquellos que un día
tuvieron que marchar, celebran con gran devoción y
alegría las Fiestas en honor a su patrona con este
popular canto:
Adiós Pastora del
alma mía,
llegó la hora ya de marchar,
pero mi alma, siempre a tu lado
Pastora mía, siempre estará.
Cuando la lluvia da en los cristales
y se oscurece la luz del sol.
para los pobres, Pastora mía
a tus favores imploro yo.
Cuando en los valles en primavera,
en varias flores refleje el sol,
te haré yo un canto, Pastora mía,
sencillo y tierno como el Amor.
DIVINA PASTORA EN MÁLAGA (ANDALUCÍA)
La devoción a la Divina Pastora de las
Almas surge en Málaga a los pocos años de su eclosión
en Sevilla de la mano de fray Isidoro en 1703.
La imagen, atribuida por diversos estudios al
imaginero José Montes de Oca, data de los años treinta
del siglo XVIII.
Una crónica de 1791 recogida por el ilustre
malagueño Narciso Díaz de Escovar en su publicación
periódica 'Efemérides malagueñas' afirma que “el 4 de
mayo de 1791 se celebraron en el barrio de Capuchinos
grandes fiestas en honor de la Divina Pastora”. Díaz
Escovar señala que los frailes capuchinos, cuya
presencia en la ciudad está documentada desde
comienzos del siglo XVII, “dedicaban notables
funciones religiosas a la Divina Pastora,
especialmente al llegar la época de su novena”.
“Se creó la Hermandad y a ella pertenecían los vecinos
más distinguidos y piadosos del barrio, que pagaban
una pequeña cuota”, prosigue la nota de Díaz de
Escovar, lo que indica que la Hermandad, que
posteriormente pasó a denominarse Congregación de la
Divina Pastora de las Almas, ya existía como tal a
finales del siglo XVIII. La expulsión de los frailes
capuchinos a mediados del siglo XIX, con la
desamortización, no mermó el culto a la Virgen y, a
mediados de esa centuria, se relanzó su Hermandad y la
organización de la novena. En 1865, un sacerdote
conocido como el padre Félix organizó coros que
cantaban en las misas las coplas dedicadas a la
Pastora.
El beato Marcelo Spínola y Maestre fue un gran
impulsor de la devoción pastoreña durante su etapa de
obispo de Málaga, a finales del siglo XIX. En el
año 1906 se aprobaron nuevos estatutos para la
Congregación de la Divina Pastora de las Almas de
Málaga. Además, perduran documentos sobre la novena en
ese año y anteriores. En 1920, llegó a predicarla el
padre Tiburcio Arnaiz. Durante la República hubo un
intento por parte de la milicia de demoler la iglesia
pero, según las crónicas, los republicanos del barrio
de Capuchinos se opusieron porque dentro estaba su
Patrona.
En 1930, los cultos cambian de fecha y se celebran en
junio en vez del mes de mayo. Durante la Guerra Civil
se interrumpen las manifestaciones religiosas en honor
de la Pastora malagueña, pero se conserva su talla, al
instalarse junto al templo un hospital militar. La
Orden Tercera de San Francisco retomó de forma modesta
el culto a la Divina Pastora de las Almas hasta que la
Congregación fue reorganizada en el año 1948, de
la mano de Don José Claros López, que fue nombrado
Hermano Mayor Perpetuo.
Este breve repaso histórico confirma que la
devoción a la Divina Pastora de las Almas ha
permanecido prácticamente inalterable desde mediados
del siglo XVIII en el barrio de Capuchinos, del que es
Patrona y Protectora. En 1970, la imagen se convirtió
en titular principal de la parroquia creada en 1951 en
el templo con el nombre de Santa Teresa de Jesús.
Además, la Divina Pastora es Patrona del Deporte
Nacional, lo que ha fomentado la relación de su
Congregación, desde que se reorganizase en 1948,
principalmente con diferentes entidades deportivas de
la ciudad de Málaga.
CAPILLA DE LA DIVINA PASTORA (CÁDIZ)
La iglesia, o mejor, la Capilla de la Divina
Pastora está situada en la Calle Sagasta de la ciudad
de Cádiz (España). Esta deliciosa muestra del arte
barroco gaditano queda como escondida y embebida
en la masa del conjunto urbano, pero cuando se
descubre su impresión queda para siempre.
La capilla fue fundada al final de primer tercio
del siglo XVIII, justo en 1736, por el capuchino fray
Isidoro de Sevilla y fue dedicada a la Divina Pastora,
para establecer en ella una de las Compañías
Espirituales del Stmo. Rosario, que fueron fundados
por el capuchino Fray Pablo de Cádiz.
El 24 de noviembre de 1734, Fray Isidoro de
Sevilla, solicita al Ayuntamiento un sitio donde poder
construir una Capilla, y éste, por acuerdo de 19
de enero de 1735, le concedió un terreno frente al
Convento de Religiosas de Santa María.
A Fray Isidoro no le gustaba el sitio, debido a los
temporales que combatían, por lo que pidió permiso al
Ayuntamiento para venderlo y comprar otro, hecho que
se consuma en el Campo de las Cererías de la entonces
Calle de Capuchinos, comenzando las obras este mismo
año.
En 1736 se levantó una primera construcción, que al
año siguiente es sustituida por la actual, que a su
vez sufrió varias reformas en su estructura. Entre
1754 y 1755 se reformó la cúpula y se añadieron las
capillas laterales; en 1757 se eleva la espadaña y en
1762 se termina el conjunto de las obras levantándose
la portada.
El 16 de julio de 1964, el Obispo, D. Antonio
Añoveros, erigió esta Capilla en Parroquia, cuya
inauguración, el 8 de diciembre de 1965, coincidiría
con la clausura del [Concilio Vaticano II], siendo
encomendada a los Padres Capuchinos a través de su
primer párroco, D. José Araujo González. El Vicario
General, Dr. Álvarez Moya, el P. Provincial de los
Capuchinos de Andalucía y otros sacerdotes
concelebraron la Santa Misa en la Parroquia de San
Lorenzo, de donde salió procesionalmente el Stmo.
Sacramento para quedar definitivamente en el nuevo
templo parroquial.
FACHADA E INTERIOR
La fachada de la capilla está resuelta según una
portada central, que forma como un cuerpo adelantado
hacia la calle y sobresaliendo del plano de la propia
fachada. Esta portada tiene tres huecos
superpuestos, abultados en sus trazados y con una
pequeña figura en las claves.
El hueco inferior es la puerta de entrada de medio
punto, adornada con la figura de un ángel, que simula
sostener unas molduras, las cuales vienen a entroncar
con la repisa que, en el hueco superior, sirve de
apoyo a una imagen de la Virgen Titular. Este hueco
también es de medio punto; sus jambas descansan en
peanas y está adornado con la figura de una cabeza de
león. El último hueco, adornado con una cabeza de
ángel con una hoja de fondo, es un óculo circular
ajustado por sus costados con sendas volutas, gruesas
y grandes abajo, con quiebro para apoyo de copas, y de
pequeño tamaño en lo alto.
Lo que más sorprende nada más entrar en el recinto
es la gran altura de espacio en comparación con la
poca superficie de suelo. Esta impresión se
acrecienta con los fantásticos retablos de madera
tallada, que dominan los límites del espacio dejando
tan sólo al descubierto de la arquitectura los
soportes y arcos –totalmente desprovistos de ornato—,
los cuales apoyan la bóveda de media naranja. Esta
bóveda, también sin adorno alguno, está rodeada, en su
arranque, por una sencilla barandilla de hierro.
La planta de la capilla habría que considerarla
como de cruz griega. Se cubre mediante bóvedas de
medio cañón en los brazos y cúpula sobre pechinas en
el crucero, disponiéndose tribunas sobre las capillas
laterales y atrio. En el cabecero, el presbiterio con
su altar mayor, que tiene un inmenso retablo que forra
materialmente el fondo, paredes y techo. En los
brazos, otros dos enormes retablos que vuelven a
cubrir por completo la pared.
La entrada se hace bajo el coro alto, cuya barandilla
abalaustrada se prolonga por los lados de la capilla
hasta llegar al altar mayor.
RETABLO Y CÚPULA
El altar mayor se desarrolla según un fantástico
retablo, dividido en tres calles, separadas por
estípites. La calle central se abre de modo
escénico para dar vista a la imagen titular de la
Divina Pastora, la cual, en su camarín, con
iluminación contrastada, puede destacar de todo el
acompañamiento de santos y santas, ángeles y
arcángeles, que se sitúan estratégicamente sobre
rizadas peanas, difíciles pilastras, ensortijadas
curvaturas, perdidos entre rica hojarasca, escudetes,
pilastrillas, estípites, perifollos y un laberinto de
impostas, molduras, arquitrabes, frisos y cornisas de
este ejemplar de madera tallada. La imagen de la
Divina Pastora, fechable hacia 1730, que se atribuye a
José Montes de Oca.
En las calles laterales se sitúan las imágenes de San
José y San Francisco de Paula y en el ático el
arcángel San Miguel, flanqueado por San Antonio y San
Bernardino. Arriba, en todo lo alto, el Padre Eterno
bendice tan prodigiosa exaltación. Fue realizado en
madera dorada a partir de 1753 por Julián Jiménez.
Finalmente, hay que hacer mención de la cúpula
multicolor que cubre la bóveda de la capilla. Esta
cúpula recubierta de azulejos con dibujos geométricos
de colores y tejas lomudas o árabes vidriadas,
también en colores, es un caso tanto singular.
El remate de la cúpula se ha terminado de forma un
tanto caprichosa, con una falsa linterna quebrada,
todo revestido de piezas cerámicas vidriadas. En
los azulejos se ve el tema de la estrella de ocho
picos en blanco sobre fondo de color, utilizado
también en el remate de la cupulita de la salida a la
azotea de la capilla del Sagrario de la Catedral
Vieja.
La Divina Pastora Patrona del Estado de Lara
Los misioneros capuchinos llegaron
a la costa oriental de Venezuela en 1650. Para
darle mayor alcance territorial a la catequización de
indios incursionaron en los llanos de Caracas hacia la
región centro occidental fundando pueblos. Uno de
ellos, con el nombre de Santa Rosa del Cerrito, fue
fundado en 1673 en las inmediaciones de Nueva Segovia
de Barquisimeto, ciudad que ya había sido fundada por
Juan de Villegas en 1552.
Al pueblo de Santa Rosa del Cerrito como parte de la
labor evangelizadora que adelantaban los capuchinos,
fue llevada alrededor de 1720 una imagen de la
Virgen María bajo la advocación de Divina Pastora.
La devoción a la Divina Pastora indesligable de los
capuchinos, tuvo así en su comienzo un sentido
misionero, de ahí que los miembros de la orden que
llegaron a America durante el siglo XVIII, fueran los
primeros portavoces de la advocación entre las
poblaciones indígenas infieles en vías de reducción y
sometimiento.
Esta advocación proviene de Sevilla (España). Un
cura Capuchino de nombre Isidoro de Sevilla, recibió
una revelación en uno de sus sueños en 1703. Era
la imagen de la Divina Pastora. Días más tarde, le dio
al artista Miguel Alonso de Tovar, una descripción
detallada de su visión para que éste realizara un
cuadro. La imagen de la virgen con sombrero pastoril,
cubierta por una manto azul, sosteniendo en su mano
izquierda al niño y apoyando la derecha sobre un
cordero, fue llamada "Divina Pastora de Almas".
Esa visión fue llevada a un lienzo y a un estandarte
que fue sacado por primera vez a la luz pública en una
procesión por las calles de Sevilla el 8 de
septiembre.
Años más tarde, el escultor Francisco Antonio Gijón,
esculpió la imagen tamaño natural de la Divina
Pastora.
COMIENZO DE LA VENERACIÓN Y MILAGROS
El comienzo de la veneración por la Divina
Pastora en Venezuela se remonta al año de 1736,
fecha en que el párroco de Santa Rosa encargó a un
famoso escultor que le hiciera una estatua de la
Inmaculada Concepción. No obstante, por una extraña
equivocación, en lugar de la Inmaculada, llegó al
pueblo la imagen de la Divina Pastora.
De inmediato el párroco quiso devolverla, pero por
mucho que lo intentaron, no pudieron levantar el cajón
donde habían colocado la imagen. A partir de este
momento la población interpretó este raro
acontecimiento como señal de que la Divina Pastora
quería quedarse entre ellos siendo ésta su sede
hasta nuestros días.
Sin embargo hay evidencias que apuntan hacia el
hecho de que mucho antes de la llegada del Padre
Bernal en 1736 a Santa Rosa ya la imagen estaba allí
pues había sido adquirida entre 1715 y 1724. El
Hermano Nectario María (1888-1986) pensaba que la
Imagen de la Divina Pastora fue adquirida entre 1779 y
1792, pero una investigación de Matilde Suárez y
Carmen Bethecourt fija la fecha de este acontecimiento
entre 1715 y 1724.
Posteriormente, durante los sucesos del terremoto
de 1812, el templo donde se veneraba la Divina Pastora
fue destruido, pero su imagen quedó milagrosamente
intacta, hecho que reforzó la creencia de los
fieles de Santa Rosa de que la Virgen quería quedarse
siempre entre ellos para protegerlos.
Finalmente, a mediados del siglo XIX tuvo lugar un
acontecimiento que contribuiría a la consolidación
definitiva de la Divina Pastora como patrona del
estado Lara.
En septiembre de 1854 el cólera llegó a Venezuela
entrando por la isla de Margarita. Para diciembre de
1854 la epidemia de cólera asolaba a Barquisimeto.
Muchas familias de Barquisimeto fueron diezmadas por
el terrible mal, ante lo cual fueron completamente
inútiles medicinas, lamentos y plegarias. Desesperados
y como último remedio, los pobladores decidieron sacar
en procesión por las calles de Barquisimeto la imagen
de la Divina Pastora para implorar su misericordia,
El padre José Macario Yépez, párroco de la
barquisimetana iglesia de la Concepción, el 14 de
enero de 1855, desde el púlpito se ofreció como
víctima del cólera si el mal cesaba en la ciudad.
Seis meses después, el sacerdote contrajo el cólera
y murió, acabándose la epidemia en Barquisimeto.
Por esta razón, el 14 de enero fue tomado como el
día de la Divina Pastora, realizándose la primera
procesión el 14 de enero de 1856. Hoy en día, la
procesión va desde Santa Rosa hasta la Catedral
Metropolitana de Barquisimeto y se ha convertido en la
más multitudinaria de Venezuela.
LA IMAGEN

La Divina Pastora de Santa Rosa es
una imagen de vestir, articulada, tallada en madera.
La cara, manos y pies estan recubiertos de yeso y las
articulaciones sujetas con clavos.
A través de los años ha sido sometida a varias
restauraciones, pero su estructura original no ha sido
modificada. En un comienzo la devoción a esa imagen
por parte de la feligresía del pueblo, consistía en
ofrecerle misas, encenderle velas y rezarle oraciones
como era costumbre con el resto de las imagenes que
formaban parte del patrimonio de la iglesia.
Sebastian Bernal, párroco de Santa Rosa del Cerrito
durante un poco más de medio siglo (1736-1794), tuvo
un fervor tan especial por la Divina Pastora que no
sólo dispuso de su peculio personal para cubrir gastos
de vestuario y joyas que embellecieran la imagen, sino
que antes de fallecer le hizo legado testamentario de
buena parte de sus bienes (Archivo Arzobispal de
Caracas 1794).
Los larenses la veneran con especial cariño y
devoción, regalándole sombreros y trajes de telas
preciosas, algunos de ellos encargados a los modistos
más afamados del mundo, motivo por el cual muchas
personas comentan que no hay mujer en Venezuela que
tenga un vestuario más lujoso que el de la Divina
Pastora.
LA IGLESIA
La Divina Pastora ocupa lugar en el altar mayor
de la Iglesia de Santa Rosa, pueblo cercano a
Barquisimeto, pero no siempre fue así. En 1779
ocupaba el lado de la Epístola (lateral derecho) según
lo narra el Obispo Mariano Martí en la relación de su
visita pastoral a Santa Rosa.
Según la tradición, el terremoto de 1812, que derribó
la Santa Rosa, no pudo sin embargo hacer lo mismo con
las paredes y el techo que protegían la imagen de la
Divina Pastora.
Se improvisó una capilla y en ella estuvo hasta 1850
cuando el Pbro. José Macario Yépez la trasladó a otra
capilla provisional arreglada sobre las ruinas de la
Iglesia de Santa Rosa, reconstruida finalmente en 1864
cuando se colocó en ella la Virgen, el 30 de agosto de
ese mismo año.
En el barrio La Pastora de la ciudad de Caracas, se
construyó en 1745 también un templo dedicado a la
adoración de esta Virgen.
Se sabe de gente que pide por la sanación de sus
mascotas y que el día de la procesión viste a sus
gatos y perros con el traje de la Pastora. En el
museo adyacente al templo de Santa Rosa hay
testimonios de agradecimiento, como piezas de plata
con figuras de brazos, piernas o bienes, que dejaron
personas curadas de algún mal o que obtuvieron casas.
También se exhiben prendas militares, pelotas y
utensilios del equipo Cardenales, entre otros objetos.
LA DIVINA PASTORA DE BARQUISIMETO, VENEZUELA

LA PROCESIÓN DEL 14 DE ENERO
En recuerdo del milagro, todos los 14 de enero
se realiza una procesión en honor a la Divina Pastora.
Sale desde la población de Santa Rosa y pasea hasta la
Catedral Metropolitana de Barquisimeto. Y desde el
14 de enero y hasta el domingo de ramos (antes de la
Semana Santa), la imagen de la Divina Pastora pasea
por los 44 templos del estado Lara.
Se ha convertido en la más multitudinaria de
Venezuela. Actualmente muchos visitantes extranjeros
acuden ese día a la fiesta de la Divina Pastora.
La procesión de la virgen de los Barquisimetanos, los
larenses y todos los venezolanos es una manifestación
de amor, unión, igualdad y solidaridad. Una expresión
de nobles sentimientos que este año agrupa a más de 2
millones de devotos
A partir del sábado 13 de enero los creyentes
realizan una vigilia preparatoria para la
peregrinación en el templo de Santa Rosa. Ya el 14 de
enero se ofician cinco eucaristías antes de la partida
de la Virgen hacia la Catedral de Barquisimeto, las
cuales comienzan a partir de las cinco de la mañana.
Más tarde, una vez iniciada la procesión, la Divina
Pastora recorre una ruta tradicional (Santa Rosa,
Avenida Lara, Plaza Macario Yépez, Avenida Morán y
Avenida Venezuela) donde disponen de diversos actos
religiosos y culturales, con los cuales se les hace
honores.
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