Nuestra Señora de la
Evangelización (Perú)
14 de mayo
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La Patrona de
Lima
Nuestra Señora de
la Evangelización es una advocación mariana
peruana. Patrona de la Arquidiocesis de Lima,
capital del Perú.
Su solemnidad se celebra el 14 de Mayo, día
de la entrega solemne de la Rosa de Oro, y se
encuentra registrada en la Santa Sede en Roma.
Posesiona en andas de estilo neobarrocas, de 4
varas, siguiendo como modelo las andas de Santa
Rosa de las monjas.
A la muerte de D. Francisco Pizarro, fundador
de la Ciudad de Lima, su hija encargó una imagen
de la Virgen para la capilla de
enterramiento de su padre, esta imagen se venera
desde entonces en la Catedral de Lima.
LA IMAGEN
Nuestra Señora de
la Evangelización corresponde a la imagen de
la Virgen AUXILIO DE LOS CRISTIANOS, que fue
encargada para que presidiera el Retablo Mayor.
La imagen de Nuestra Señora de la
Evangelización es una talla de madera
policromada de 1.70 metros de altura, fue
hecha por Roque Balduque maestro flamenco que
dirigía un taller en Sevilla hacia el segundo
tercio del siglo XVI, a quien se le denominaba
"El imaginero de la Madre de Dios".
Durante la guerra con Chile, la imagen tuvo que
ser repintada burdamente en blanco, para evitar
que fuese llevada por los chilenos. En 1985, la
imagen fue restaurada, devolviéndole su
esplendor original, y colocada en el altar de la
Concepción, ahora llamado del Santísimo
Sacramento en la Catedral de Lima, donde recibe
el culto de los fieles.
EL CULTO
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Nuestra Señora de la Evangelización presidió la vida
de la Iglesia arquidiocesana de Lima y los Concilios
Limenses de modo particular el tercero, que tanta
importancia tuvo para profundizar y difundir el
Evangelio desde Nicaragua hasta Cabo de Hornos en la
primera evangelización de parte importante de
América.
Es muy probable que ésta fuera la primera imagen
escultórica de Nuestra Señora que llegó y recibió
culto en Lima. Ante esta imagen oraron Santa Rosa de
Lima y San Martín de Porres. Asimismo, presidió
los Concilios y Sínodos convocados por el Santo
Arzobispo de Lima, Toribio Alfonso de Mogrovejo.
Ante Ella se cree, en medio de una gran fiesta, fue
depositada la primera rosa florecida en la ciudad de
Lima por el primer obispo de la diócesis, Fray
Jerónimo de Loayza.
Inicialmente estuvo ubicada en el retablo mayor de
la Catedral y presidió los célebres Concilios
Limenses, de modo particular el tercero, de tanta
trascendencia para la vida cristiana de los pueblos
de América Latina. Posteriormente a la
declaración de Independencia por el General San
Martín, el 28 de julio de 1821, el solemne Te Deum
tuvo lugar igualmente ante esta imagen.
LOS RECONOCIMIENTOS
Considerando la profunda vinculación de la Virgen
con la historia de nuestra ciudad y de nuestra
patria, el Papa Juan Pablo II, en su primer viaje
apostólico al Perú, la coronó solemnemente el 1º de
Febrero del año 1985, en medio de gran alegría y
fervor de nuestro pueblo.
En su segundo viaje apostólico, el 14 de Mayo de
1988, el Santo Padre le consagró la nación y le
ofreció la Rosa de Oro que hoy la Virgen sostiene en
su mano. Este hecho viene de una tradición
antigua en la que las rosas de oro eran distinciones
que normalmente los Papas entregaban sobretodo a las
reinas europeas.
En una cena particular con Juan Pablo II, en los
apartamentos pontificios, semana s previas a la
visita del Santo Padre en mayo del 1988, algunos
Obispos del Perú, le volvieron a formular el pedido
y el Papa callando a sus colaboradores dijo:
“Si hay una ciudad en el
mundo en donde la Virgen merezca recibir una rosa,
esa ciudad es Lima”, por Santa Rosa de Lima.
En el año de 1992, se le otorgó el título de Nuestra
Señora de la Evangelización. Posteriormente, el
Santo Padre, Juan Pablo II, la proclamó PATRONA DE
LIMA y su fiesta se celebra desde entonces como
Solemnidad en nuestra Arquidiócesis todos los días
14 del mes de mayo.
Iniciado el Tercer Milenio, la Iglesia de Lima la
invoca como Madre del Señor Jesús y de la Iglesia,
para que la conduzca, con su ejemplo e intercesión
maternal, al anuncio gozoso del Evangelio de
Jesucristo, para que con renovado ardor, métodos y
expresiones, la Buena Nueva se encarne con mayor
profundidad en la vida personal y social de nuestro
pueblo.
ACTO DE CONSAGRACIÓN A LA
VIRGEN DE LA EVANGELIZACIÓN
Juan Pablo en la Catedral de Lima, 14
de mayo de 1988
"¡Dios te salve, María, llena de gracia, Madre de
Misericordia! Te damos gracias porque nos has dado
el fruto bendito de tu vientre, Cristo Jesús, autor
de nuestra salvación.
Tú, Madre y protectora de este pueblo, nos has
acompañado a través de la historia, siendo su
Maestra en la fe, en la esperanza y en el amor:
muéstranos ahora a Jesús, presentándonos el ejemplo
de su vida e intercediendo por nosotros.
En esta hora de gracia y bendición para el Perú,
deseamos reafirmar nuestra fe en Cristo Eucaristía,
Camino, Verdad y Vida, cuya palabra queremos acoger
en nuestro corazón como Tú la acogiste, de modo que,
renovados por la Eucaristía y la Palabra, podamos
edificar todos unidos la ansiada Civilización del
Amor.
"¡Nuestra Señora de la Evangelización!". Madre de la
Buena Nueva, sabemos que el camino es arduo; esta
tierra gloriosa, cuna de santos, se ve ahora
afligida por la violencia y la muerte, por la
pobreza y la injusticia, por una honda crisis
familiar fruto del olvido de la Ley del Señor, por
ideologías que intentan vaciar de contenido su fe
cristiana.
Por eso queremos ofrendar a Ti todo el pueblo de
Dios que peregrina en Perú y poner cerca de tu
Corazón de Madre:
A los Pastores de la Iglesia, para que sigan siendo
valientes maestros de la Verdad, defensores de la
dignidad de sus hermanos, constructores de la
unidad.
A los sacerdotes, para que cada vez más conscientes
de su vinculación con el único mediador, Cristo
Jesús, prolonguen su presencia en las comunidades,
siendo fieles dispensadores de los misterios de
Dios.
A las personas consagradas, para que por el fiel
seguimiento de los consejos evangélicos se dediquen
intensamente a Dios como a su amor supremo, sean
signo preclaro de la Iglesia, y presencia de tu Hijo
en el mundo.
A todos los laicos, para que fieles a su bautismo y
guiados por el Espíritu Santo sean verdadero
testimonio del Evangelio y lo anuncien con su vida.
A los hogares cristianos, para que como verdaderas
iglesias domésticas, sean auténticos santuarios
donde se viva la fe, la esperanza y la caridad,
donde florezca la fidelidad, la obediencia filial,
el amor mutuo.
A los jóvenes, para que tengan el valor de brindar
todas sus energías en construir un nuevo Perú donde
se viva sin temor el espíritu de las
bienaventuranzas del Reino.
A los pobres, ancianos, enfermos, a las víctimas de
la injusticia y la violencia, a los que están
llevando la cruz de la Pasión de tu Hijo, para que
encuentren consuelo en su fe, fortaleza en su
esperanza, ayuda solidaria y fraterna en todos sus
hermanos.
A los responsables del gobierno de la Nación y a los
que rigen la sociedad, para que con rectitud y
entrega generosa conduzcan el pueblo del Perú por
caminos de justicia y libertad en convivencia
pacífica.
Madre y Señora nuestra, acoge con amor esta ofrenda
de tus hijos y bendice esta amada tierra con los
dones de la reconciliación y la paz.
¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen
María!"