Nuestra
Señora de la Hoz (España)
11 de mayo

Santa María en Molina
El Señorío de Molina -
Alto Tajo es una comarca de la provincia española de
Guadalajara, cuya capital es Molina de Aragón.
En el centro del Señorío de Molina de Aragón se
encuentra el Santuario de Nuestra Señora de la Hoz,
asentado en el lugar donde el río Gallo toma forma de hoz
a su paso por el término de Ventosa. Allí se encuentra la
talla de Nuestra Señora de la Hoz.
El enclave es un paraje fabuloso de gigantescas rocas
areniscas formadas, aproximadamente, hace ciento ochenta
millones de años y cinceladas desde entonces por los
agentes atmosféricos.
El
Santuario de Santa María de Molina, que así se llamó en el
siglo XI, aparece documentalmente por primera vez en el
año 1168.
LA LEYENDA
La estatua de
Nuestra Señora de la Hoz, es para muchos autores, una
pieza de gran antigüedad y valor; y la remontan a la época
romana o visigótica.
En el año 1129, Alfonso I de Aragón, conocido como
el "Batallador" conquistó Molina y su Tierra. Entre
los años 1139-1150 se formó en estas tierras un Estado
Independiente bajo el gobierno de D. Manrique de Lara y su
esposa Dña. Ermesenda de Narbona.
Fue en el rayar de estos años cuando debió ocurrir
el sublime milagro. Ocurrió un día de aquellos años de
la primavera molinesa, era cuando el horizonte de la
historia se confundía con el ocaso de la leyenda; un
vaquero de Ventosa, perdió una mañana una vaca de su
rebaño, presto salió en su búsqueda introduciéndose en el
espesor del bosque, allí, le sorprendió la noche en lo más
abrupto del desfiladero, la inquietud imperó, el temor se
apoderó del zagal, hasta que de pronto, de tres
pequeñas apófisis que sobresalían de una gran roca surgió
un gran resplandor, una luz divina que cegó sus humanos
ojos e iluminó la ya adulta noche; acercóse el pastor y
con gran asombro descubrió que inmóvil la res, se
encontraba bajo la imagen de la Virgen, que sobre un
pedestal natural quiso salir de su refugio para gozo
del vaquero y suerte del entonces significado Señorío de
Molina.
Al amanecer, fue el de Ventosa a narrar lo sucedido,
pero en la aldea ya conocían los hechos ya que otro pastor
del pueblo, que había pernoctado cerca del sitio de los
acontecimientos, vio cuanto sucedió. Pronto el milagro se
explicó por los pueblos comarcanos, naciendo un amor y
devoción por este rincón que desde entonces será venerado
por los molineses para siempre.
La talla de la imagen fue llevada a su antiguo templo
que según unos era el de San Martín y según otros el de
San Miguel, iglesia que desapareció en el año 1924. Sigue
diciendo la tradición que por mandato del Concejo de
Molina y por deseo de los fieles molineses, se dio
lugar a la traslación con la mayor solemnidad colocando la
estatua en la iglesia de San Martín (también se dice
en la iglesia de Santa María de San Gil o en la de San
Miguel).
Trasladada la talla quedó en Molina aquella noche, pero
al día siguiente con gran asombro observaron los
feligreses que ya no se encontraba allí, ya que
milagrosamente se hallaba de nuevo en el rincón de la
aparición. Llevada por segunda vez y colocada en la misma
iglesia, la imagen fue velada con el mayor sigilo durante
aquella noche, pero de nuevo desapareció para tornar al
lugar milagroso. Estos hechos, llevaron a que los
primeros señores de Molina abriesen una vereda y limpiasen
la anchura del barranco de malezas y otras hierbas, para
poder construir allí una ermita que se llamó entonces de
Santa Maria de Molina, para poder en ella meditar y rogar.
Desde entonces los peregrinos del
Señorío así como de Aragón y Castilla vinieron y vienen a
venerar y orar a la Madre de Dios.
HISTORIA DEL SANTUARIO
El obispo de Sigüenza,
D. Joscelmo, enamorado del lugar y sobre todo de la imagen
de la Virgen, adquirió la propiedad del monasterio dando,
a cambio, al dueño de aquel territorio, el conde D. Pedro,
segundo Señor de Molina, la mitad de la villa de Beteta.
A pesar de esta permuta, los Señores de Molina siempre
protegieron al Santuario y cuidaron con donaciones el
culto a Nuestra Señora de la Hoz. Fruto de estos desvelos
fue el asentamiento en el lugar de canónigos regulares de
San Agustín en 1231. Además, al coincidir en el tiempo,
la reconquista y el hallazgo de la sagrada imagen, el
Santuario nació y creció parejo al Señorío de Molina
teniendo siempre un significado emblemático y de
unificación religiosa.
Posiblemente, a finales del siglo XIII y principios del
XIV guardó el monasterio la orden religioso-militar de los
Templarios. Extinta la orden por sentencia de Clemente V
en 1312, pasó el Santuario al cuidado de los monjes
Cistercienses de Ovila, cerca de Cifuentes. Estos,
descuidaron las obligaciones por la distancia, las pestes
y las guerras intestinas que asolaban a la nación, dejando
así que se arruinara la ermita. Ante esta situación, el
obispo de Sigüenza, D. Bernardino López encomendó los
cuidados del Santuario al Cabildo Eclesiástico de Molina
con la obligación de tener en él un sacerdote encargado
del culto. Este tampoco demostró mucho celo en la
conservación de los edificios a juzgar por el estado del
templo a finales del S. XV.
El caballero molinés, D. Fernando de Burgos,
reedificó el Santuario e hizo una casa para ermitaños.
Demostrados sus méritos y sin otro interés que la
veneración y honra de la Virgen, solicitó el Patronato de
la Hoz, concesión a la que accedió Julio II por Bula de
1503.
Al rehabilitarse la ermita, las visitas y romerías
se multiplicaron, y surgió la necesidad de dar culto más
asiduo a Nuestra Señora. Resurgió, poco más tarde, un
matrimonio en Molina, D. Jaime Malo y D. Juana García,
que, vendiendo parte de su hacienda, fundó una capellanía.
Hasta comienzo del siglo XIX hubo constantemente en el
Santuario un capellán, aunque por algunos documentos se
prueba que había en algunas ocasiones dos capellanes. Uno
por el Patronato y otro por el Cabildo de Clérigos que
atendía las obligaciones de la capellanía de Jaime Malo y
Juana García.
Paralela a la historia escrita existen testimonios
de la devoción de las personas de esta comarca a la madre
de Dios: exvotos, pinturas, etnografías..., muestra de los
favores recibidos de la Virgen y, a la vez, prueba de
agradecimiento de los fieles.
Sin duda alguna, durante nueve siglos, la Virgen, bajo
la advocación de la Hoz, ha acompañado y protegido a sus
gentes.
El mismo Santuario, con su ermita de estilo
transicional del románico al Gótico, es un hito de fe en
la historia del pueblo.
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CARACTERÍSTICAS DEL TEMPLO
Incrustado bajo
una enorme masa rocosa, como San Juan de la Peña y
otros monasterios del mismo tiempo, se encuentra el
Santuario de la Hoz, en su conjunto de arquitectura
gótico -renacentista con fuertes rasgos rurales.
Desde la plazoleta exterior, descanso del Gallo, se
introduce el peregrino hacia la iglesia, por un arco
de medio punto coronado por dos conocidas décimas
dedicadas a María, más adentro, una amplia escalinata
nos conduce a la entrada del templo cuya puerta
principal, es de estilo gótico primitivo (siglo XIII)
sobre su ojiva hay una inscripción en caracteres del
mismo estilo bajo un escudo, que representa un águila.
El interior de
una sola nave, tiene bellas bóvedas ojivales
denunciando claramente en sus arcos y nervaturas una
falta de simetría debido a la ampliación efectuada en
el siglo XVI, hecho que se
incrementa en la antigua capilla. Los arcos fajones en
su crucería representan los escudos del Concejo y del
Señorío de Molina. |
Ingresando en el
templo, se aprecia una ventana que da a la roca en la que
está incrustada la pared interior de la iglesia y que
sirve para señalar el punto exacto en el que estuvo el
escenario, según la tradición, de la aparición de la
Virgen a los zagales de Ventosa.
El altar mayor, es un magnífico retablo dorado
barroco de comienzos del siglo XVIII. En este altar se
encuentra la talla de la imagen; se trata de una estatua
de madera, todo su busto escultura entero, de excelente
calidad; el ropaje está formado en el mismo relieve y
pintado. El rostro de la Virgen y el Niño son morenos
y tienen señales de haber estado encajados en alguna silla
o retablo. Se trata de una talla románica del siglo XII,
hierática, entronizada como asiento de la divinidad; el
divino niño lleva en su mano izquierda un pomo.
Desde el presbiterio, en panorámica desde la sacristía,
se aprecian dos altares, (entre la reja y el altar mayor),
que son dedicados a la Purísima y a Santa Teresa, ambos
coronados hacia lo alto, por bóvedas de las que penden de
cautivos liberados de África, como es el caso de las que
según la tradición, llevó Pedro Abad en Argel.
A los lados del presbiterio, están adosados dos
cuadros que representan las rogativas de los vecinos de
Tierzo y los de Molina respectivamente. Fuera de las
rejas del presbiterio, a derecha e izquierda de la puerta
principal de entrada al templo, existen dos altares
consagrados a San Blas obispo y mártir y a San Antonio. El
altar de San Antonio, se construyó en el antiguo altar de
Santa Ana, que fue ordenado construir por Martín Cortés,
tapicero mayor de la Emperatriz de Austria, Dña. María,
hermana de Felipe II. Quedan como testimonio de aquel de
Santa Ana, dos retratos de bella factura sobre tabla con
personajes de los años del monarca citado, el uno y el
otro representan una mujer enlutada orando. Esta tabla
posiblemente fue pintada a finales del siglo XVI,
indicando la sepultura del que allí aparece retratado.
El altar de Santa Teresa posee un precioso cuadro al
óleo de la Virgen de Avila, posiblemente donado por la
familia de los Rivas. Detrás del altar principal está la
sacristía por la que se accede, a través de una escalera
del siglo XIX, a dos habitaciones que sirven de entrada al
camerín de la Virgen. En las paredes de estas habitaciones
penden numerosos motivos de agradecimiento y exvotos de
cera, así como la Bula que S.S. Clemente VIII dió a los
miembros de la "Cofradía de Esclavitud de Nuestra Señora
de la Hoz", en febrero de 1602. Esta cofradía se extinguió
en el siglo XVIII.
En el exterior del templo, existen otros edificios
que con él, forman un patio interior; conjunto con
gran mérito arquitectónico e inapreciable valor
paisajístico: la parra cariñosamente abrazando el
oratorio; las flores engendrando ramas de amor; el agua de
la fuente en canción eterna; la poesía imaginando vergel
del cielo, la roca siendo techo y cobijo, y el silencio de
la meditación inundando al pensamiento abarcando el todo.
En el siglo XVI, en la reforma que realizó Fernando de
Burgos, se construyó la casa del santero con una sola
planta, a la que se entra por puerta con arco de medio
punto que recuerda un sabor románico y que guarda armonía
con la ermita. También se construyó en esta época una
"hospedería" para los peregrinos y ermitaños, hoy muy
modificada, por posteriores reconstrucciones no muy bien
logradas; aún deja ver en las paredes del patio y en
habitaciones de la planta baja, numerosas decoraciones
platerescas en yeso, con detalles arquitectónicos y
ornamentales del siglo XVI, algunos grotescos, el escudo
del Cabildo Eclesiástico y un delicioso friso esgrafiado
en yeso, con escenas bíblicas, mitológicas y de caza,
típicos del renacimiento.
LA FIESTA EN HONOR A NUESTRA SEÑORA
Coincidiendo con la
solemnidad de Pentecostés se celebra en el Santuario la
fiesta principal en honor a Nuestra Señora de la Hoz por
cuenta y cargo del Patronato. Es la fiesta a la que
acuden todos los pueblos de la comarca y en la que tiene
un especial protagonismo Molina, que representa Loas y
Danzas ante la sagrada imagen.
Además, doce pueblos cercanos al Santuario celebran sus
rogativas en días señalados.
Corduente abre y cierra las romerías los días 25
de abril (San Marcos) y 30 de noviembre (San Andrés)
respectivamente.
Molina de Aragón celebra el uno de mayo, con el
nombre del Butrón, la rogativa más antigua que data de
1140, según voto que hizo esta ciudad por el que se
comprometía a bajar una persona por cada familia de
Molina, el Cabildo de clérigos y la corporación Municipal.
Rueda de la Sierra acude el primer domingo de
mayo al Santuario cumpliendo un voto hecho por el pueblo
en el siglo XVII.
Corduente repita rogativa el lunes antes de la
Ascensión.
Ventosa (el anfitrión) Terraza, Rillo de Gallo,
Canales de Molina y Herrería en ejemplar convivencia
celebran su rogativa el martes anterior a la Ascensión.
Torete y Teroleja confluyen en el Santuario el
sábado anterior a la Ascensión.
Valhermoso baja, también, en rogativa a venerar
la Virgen el sábado siguiente a San Antonio.
Tierzo, el último sábado de junio, continúa
cumpliendo el voto que hicieron sus antepasados en 1653
cuando una peste asoló a la población y murieron 21
personas, se encomendaron Nuestra Señora de la Hoz y cesó
la peste. En gratitud a la señalada merced se
comprometieron a ir en rogación actitud penitente
(vestidos de capirotes).
LA ROGATIVA DE BUTRÓN
La rogativa que el
Ayuntamiento de Molina y el Cabildo Eclesiástico de esta
ciudad, realizan el 1º de Mayo al Santuario de la Hoz,
conocida con el nombre de "Butrón", es uno de esos
casos, en donde sus principios se remontan a través del
tiempo, arrollando siglos. La causa, una peste o calamidad
que se cernió sobre el Señorío molinés, mediante la cual
los pueblos del territorio se dirigieron a su patrona
Nuestra Señora de la Hoz que realizó el milagro.
¿Cuándo tuvo lugar con exactitud este acontecimiento?:
es algo que hoy se desconoce. Documentalmente no existe
pergamino o nota que nos aclare este misterio. Unos
historiadores se inclinan porque la rogativa se efectúa
desde tiempos de la aparición de la Virgen en el siglo XII;
otros, creen que comenzó en los años de Dña. Blanca, en el
siglo XIII. En la copia del testamento de Dña. Blanca
que realizó Francisco Díaz en 1474, hay una nota que dice:
"También en esta villa de
muy antiguo tiempo acá tiene prometido y hecho un voto la
dicha villa de hacer una procesión a la ermita de Ntra.
Sra. de la Hoz el primer día de mayo de cada año en
servicio de Dios, nuestro Señor, y de su bendita Madre y
en veneración de aquella santa y devota ermita, a la cual
suelen acostumbrar ir a la dicha procesión el Cabildo de
los Señores clérigos de la dicha villa y muchos vecinos
particulares de ella y otras personas".
También del siglo XV, existe un documento, que es una
solicitud de Molina al Prelado de Sigüenza, en demanda de
que le concedieran la procesión acostumbrada en la fiesta
de la rogativa. El documento está fechado en 1654.
En sus principios el "Butrón", era una rogativa en
la que todos los vecinos molineses tenían la obligación de
enviar a ella un individuo de la familia. Era dirigida
por el Cabildo Eclesiástico y por las autoridades civiles
y judiciales de la época. Comenzaba la procesión en Molina
y sin interrupción llegaba al Santuario.
En 1501, se dice, hubo una gran mortandad y el
Butrón tomó de nuevo gran pujanza. En 1762, D. Antonio
Moreno en su libro "La Nimpha más celestial en las
márgenes del Gallo", describe la rogativa tal como era en
su tiempo: "Es costumbre
inconclusa, que en este referido día (1º de mayo) a las 6
ó 7 de la mañana, hora en que regularmente se citan, y se
convocan ambas comunidades Ayuntamiento y Eclesiástico
Cabildo salgan procesionalmente de la Iglesia de Santa
María la Mayor de San Gil de esta Villa para el Santuario.
Proceden así con la mayor circunspección, y compostura
hasta la plazuela del Convento de San Francisco, en donde
se separan de ambas Comunidades aquellos individuos que
están destinados para ir al Santuario. Va representada
esta Noble Villa en su Corregidor, o Alcalde Mayor, dos
caballeros Regidores, sus Comisarios, su Procurador
Síndico General, Alguacil Mayor, y otros como uno de los
Escribanos del Ayuntamiento y el Receptor de Propios de la
Villa. Acompaña al Señorío el Ilustre Cabildo Eclesiástico
representado en su Abad y dos Capitulares que eligen con
cinco capitulares del Cabildo".
Actualmente, se sigue celebrando la tan querida
rogativa del Butrón. El mismo día del 1º de mayo, tras
reunirse las autoridades municipales y eclesiásticas de
Molina, junto al Patronato de la Virgen y a cuantos
ciudadanos lo deseen y tras trasladarse en sus vehículos a
la entrada del Barranco, hacen procesión hasta la ermita;
allí se desarrollan los actos cívico-religiosos, tras los
cuales el Ayuntamiento invita a los ciudadanos a pan,
sardinas y vino. Más tarde, tiene lugar la procesión
final, con la que se despide la rogativa.