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Nuestra
Señora de los Buenos Aires
24 de abril
 
Bajo su
advocación Don Pedro de Mendoza estableció el 2 de
febrero de 1536, el primer asentamiento de la que
sería la ciudad de Buenos Aires. En su honor los
Padres Mercedarios levantaron en la capital argentina,
uno de los templos basilicales más hermosos del país.
Estos mismos religiosos –dos de los cuales llegaron a
estas costas junto con Mendoza, trayendo una imagen de
la Virgen de Buenos Aires– tienen también a su cargo
el santuario de Bonaria en la isla de Cerdeña, en
donde tuvo su origen la advocación que hoy se celebra,
y de donde la trajeron los españoles que la tenían
como patrona de los marineros. Juan de Garay, al
fundar la ciudad, el 11 de junio de 1580, la bautizó
con el nombre de Ciudad de la Santísima Trinidad en el
puerto de Santa María del Buen Aire.
Nuestra Señora del Buen Aire
(Madonna di Bonaria)
 
La advocación de Nuestra Señora del Buen Aire tiene
su origen en la isla de Cerdeña y data de 1370.
En 1218, el caballero español don Pedro de Nolasco
nacido en Barcelona en 1189 (hoy santo), fundó por
indicación de la Santa Virgen María, la Orden de la
Merced, para redimir cautivos de los sarracenos.
En 1323 los aragoneses desembarcan en Cerdeña, en un
punto próximo a Cagliari, conocido como la colina
del Buen Aire y conquistan la isla. En señal de
gratitud, construyen allí una iglesia que donan a la
orden mercedaria.
El beato fray Carlo Catalano, noble de Cagliari y
fundador del convento de la Merced, hizo por
entonces una profecía: un hecho prodigioso habría de
acontecer en las costas de la gran isla después de
su muerte.
El 25 de marzo de 1370 un buque cargado de
mercancías navegaba en plena calma cuando,
repentinamente, se desató una poderosa tempestad.
Fue tal el grado de peligro, que el capitán ordenó
arrojar la carga al mar, pensando que aligerando las
bodegas, lograría estabilizar a la embarcación.
Todo fue a dar a las embravecidas aguas, incluyendo
una gran caja de madera cuyo contenido era ignorado
por la gente de a bordo.}
Ni bien la caja tocó el mar, la tormenta cesó. La
tripulación del buque no daba crédito a lo que
sucedía, mucho menos cuando se percató que de todos
los bultos arrojados, solo la caja semantenía a
flote.
Se intentó recuperarla, para lo cual el capitán
ordenó aproximarse pero al hacerlo, la caja comenzó
a alejarse hacia la costa sarda. El barco la siguió
hasta que, repentinamente, aquella se detuvo frente
a la colina del Buen Aire. Marineros, pescadores y
curiosos trataron de apoderarse de ella para
llevarla hasta las playas pero al intentarlo, la
caja volvió a alejarse mar adentro y se perdió de
vista.
Unos días después, un niño que pasaba por la costa
descubrió la gran caja entre el follaje y corrió
hasta el convento mercedario a dar la noticia. Dos
frailes se apersonaron en el lugar y encontraron el
objeto, encallado entre los juncos.
Grande fue la sorpresa cuando al abrir la caja
encontraron en su interior una bella y celestial
imagen de la Santa Madre magníficamente ataviada,
con el Niño en su brazo izquierdo, una candela
encendida en la diestra y un paño manchado de sangre
sobre la manga derecha de su hábito, cubierta por un
bello manto azul con flores doradas, amén de una
túnica rosa.
El niño, a su vez, portaba en su mano izquierda un
globo terráqueo en tanto bendecía a los fieles con
la derecha.
La imagen, tallada en madera de algarrobo, de 1,56
cms., fue llamada Virgen del Buen Aire, ya que ese
era el nombre de la colina que había elegido como
morada.
Los frailes se preguntaron donde debían colocar la
sagrada imagen. Algunos opinaron que el lugar más
adecuado sería el Altar Mayor, pero este se hallaba
ocupado por la Virgen del Milagro; otros propusieron
una capilla lateral y allí la dejaron. Con gran
estupor a la mañana siguiente, los religiosos
encontraron a la Virgen del Buen Aire en el Altar
Mayor y a la del Milagro en la capilla lateral. Dos
veces más volvieron a cambiar las imágenes de lugar
y por dos veces, las hallaron cambiadas. Nadie osó
volver a tocarlas.
Otro hecho prodigioso sucedió cuando una joven de la
ciudad depositó frente a la imagen de Nuestra Señora
una pequeña navecilla de marfil, sostenida por un
cordel, en señal de gratitud por una gracia. Esa
navecilla señalaría, a partir de entonces, la
dirección de los vientos y a ella acudirían los
navegantes antes de aventurarse a la mar.
Desde entonces es patrona de Cerdeña y de los
navegantes y en el lugar del milagro fue levantada
una magnífica basílica que hasta el día de hoy
maravilla a fieles y viajeros de todo el mundo.
La advocación fue traída a estas playas por los
padres mercedarios que llegaron con el adelantado
don Pedro de Mendoza en 1536. De allí surgió el
nombre impuesto al puerto recién fundado, nombre que
respetó don Juan de Garay cuando volvió a erigir la
ciudad en 1580.
En la actualidad, su imagen, donada por la
Federación Sarda Argentina hace medio siglo, se
encuentra en la plaza Cerdeña, frente a la Dirección
Nacional de Inmigraciones (Av. Antártida Argentina
1455), después de haber permanecido olvidada e
ignorada mucho tiempo.
Paseo de los
Inmigrantes
Nuestra Señora de los Buenos Aires
Isla de Sardegna
La advocacion de Maria tiene su origen en
Cagliari, capital de Sardegna (Italia), donde
era conocida a principios del siglo XV como
"Nostra Signora di Bonaria".
La continuidad de su veneracion como Madre
Protectora de los navegantes se extendió a otros
confines.
Uno de sus devotos fue Don Pedro de Mendoza,
quien en su homenaje fundo el puerto de Santa
Maria de los Buenos Aires, dando origen al
nombre de la Capital de la Republica Argentina.
La colectividad Sarda en homenaje a la Ciudad de
Buenos Aires
16 dias de Octubre del año 2003.
Region Autonoma de la Sardegna
Ciudad Autonoma de Buenos Aires
Asociacion Sardi Uniti de BsAs.
Republica Argentina |
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