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Nuestra Señora del
Pronto Socorro:
Rápida respuesta maternal
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Imagen de Nuestra Señora del Pronto So-corro
venerada en Nueva Orleáns, Estados Unidos
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En la vida de todo católico surgen situaciones
difíciles, que sólo pueden ser vencidas mediante actos
de confianza heroicos en la poderosa y
intercesión de María Santísima. Un bello ejemplo de
ello nos lo dio la Madre San Miguel con su devoción a
Nuestra Señora del Pronto Socorro.
Muchas veces, en la Historia de la Iglesia, las
mejores intenciones de apostolado son trabadas por
problemas políticos imprevistos. Fue lo que ocurrió
con las religiosas Ursulinas, dedicadas a la enseñanza
de la juventud femenina, que estaban establecidas en
la ciudad norteamericana de Nueva Orleáns, en el
Estado de Louisiana.
Pronto atendimiento maternal
A principios del siglo XIX, un grupo de monjas
españolas de esa congregación debió abandonar el
convento para volver a su patria permaneciendo en el
mismo solamente unas pocas de nacionalidad francesa.
Esta situación provocó en sus conciencias la triste
disyuntiva de verse obligadas a cerrarel convento de
Nueva Orleáns.
Angustiada por ese temor, la superiora, Madre Santo
André, escribió pidiendo auxilio a una religiosa en
Francia.
Se trataba de la Madre San Miguel quien acababa de
abrir una pequeña escuela pues, debido a la
persecución religiosa generada por la revolución de
1789, no podía residir en un convento.
La Madre San Miguel quedó entonces en una situación
difícil: sentía en su alma el deseo de ir a trabajar
en las misiones y así dar gloria a Dios, pero su
situación como religiosa era realmente complicada. En
rigor, aunque no estaba residiendo en un convento,
seguía siendo monja y, como tal, conservaba el voto de
obediencia. Como no tenía superioras ni Obispo, pues
estaban dispersos por Francia, sólo podía pedir
autorización a la autoridad suprema de todas las
religiosas, el Papa. Entonces... ¡a escribir al Papa!
En una época de Revolución y de guerras, ¡era obvio
que el Sumo Pontífice no dispondría de tiempo para
responder las cartas deerror cometido por imprevisión
del resultado de ofensa, desagravie públicamente a la
comunidad cristiana ofendida por el ultraje a sus
símbolos sagrados”.
Después de llevar la misiva al correo, sólo quedaba
esperar. Y entonces, Nuestra Señora, movida por la
súplica de esta dilecta hija, no permitió que
transcurriera el tiempo normal en tales
circunstancias... y, antes de lo que humanamente se
hubiera podido esperar, ¡la Madre San Miguel recibió
la respuesta del Papa autorizándola a viajar a los
Estados Unidos e incorporarse al convento de las
Ursulinas de Nueva Orleans!
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Cuando las llamas de un terrible incendio
penetraban en el convento, la Madre San Miguel
llevó la imagen del Pronto Socorro
a la ventana
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El convento, salvado de las llamas
Al llegar a la ciudad de Nueva Orleáns, la Madre
San Miguel colocó la imagen de Nuestra Señora en la
capilla del convento y conforme había prometido dió a
conocer su devoción. Pero otro acontecimiento
milagroso difundiría mucho más esta nueva invocación
mariana.
En un frío día de 1812, un terrible incendio
comenzó a consumir la casa vecina al convento que,
como la mayoría de las construcciones de la época, era
de madera. Cuando las monjas vieron el incendio,
juzgaron que estaban perdidas. Poco después de haber
llevado la imagen del Pronto Socorro a la ventana por
la que las llamas ingresaban al convento, el viento
perdió fuerza y el fuego comenzó a disminuir sin
explicación.
Debido a tan prodigioso hecho, creció la fama de la
imagen, y más tarde, en 1895, el Arzobispo Janssens
obtuvo el permiso del Papa para coronar canónicamente
a la imagen, ceremonia a la cual asistieron todos los
Obispos de Louisiana y de Texas.
Fuentes:
América Mariana, P. Félix Alejandro Cepeda.
María y sus gloriosos títulos, Edésia Aducci,
Editorial Lar Católico, Florianópolis, 1955.
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